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"La primera corrida que presenciaron los limeños fue en 1540, lunes 29 de Marzo, segundo día
de Pascua de Resurrección, celebrando la consagración de oleos hecha por el obispo fray Vicente
Valverde. La función fue en la Plaza Mayor; principio a la una de la tarde, y se lidiaron tres toretes
de la ganadería de Maranga..."
"...Grande fue siempre la afición del pueblo limeño a las funciones taurómacas, y Lima ha
presenciado corridas de que, como generalmente se dice, forman época." de TAUROMAQUIA (1540)
en Tradiciones Peruanas Completas de Ricardo Palma.
El inicio de una tradición
Es tan cierta como vasta la historia de nuestra tradición taurina, y es que junto con la llegada
de nuestra religión cristiana, junto con la llegada de nuestra escritura y habla española, junto a
la llegada del ganado vacuno y junto con la llegada de múltiples practicas occidentales llego la
afición a la lidia de reses.
El ganado llego a América para emplearse como alimento en leche y carne, como herramienta
de trabajo en arado y transporte y en el caso del ganado bravo que sirvió adicionalmente para
guardar los terrenos asignados a diversas autoridades, personalidades u instituciones de la época;
afortunadamente las condiciones climáticas favorecieron su multiplicación y dispersión por todo el
virreinato; este mismo ganado bravo era el que se empleaba para realizar las funciones taurinas
las que al igual que al otro lado del Atlántico se basaba en hacer correr a los toros tras el caballo
de alguna montura de hábil caballero que incitaba su arremetida, de ahí proviene la popular
denominación de corridas de toros al espectáculo taurino.
Con la practica caballeresca de alancear a los toros en la época de la colonización hispánica es
como se inicia la tradición taurina en este continente; según las crónicas de la época se sabe
perfectamente que esta practica fue un espectáculo que se difundió y se popularizo en gran parte
de pueblos o poblados a lo largo y ancho del continente con especial arraigo en los Virreinatos de
nueva España y Nueva Castilla (México y Perú respectivamente) pues se realizaban de forma publica
para las celebraciones o conmemoraciones de importancia.
En el Perú se reseña una corrida de toros en 1538 para la celebración del triunfo de los
seguidores de Pizarro sobre las huestes de Almagro empero con anterioridad a esa fecha ya se
habrían celebrado ya que como lo reseña el libro La Fiesta Nacional, el primer desembarco de
ganado bravo en lo que sería después la caleta del Callao, ocurrió en setiembre de 1536 desde el
bergantín español San Antonio y lo confirma el Padre Cobo manifestando que el ganado vacuno llego
a este virreynato de Nueva Castilla aproximadamente alrededor del año 1538 VEASE LAS GANADERIAS
EN EL PERU.
Para 1555 el Ayuntamiento tenia designada cuatro fechas en el año como festividades que se
celebraban en la Plaza Mayor y en las que de fondo se realizaban corridas de toros, estas festividades
eran La Epifanía, La fiesta de San Juan, Santiago y la conmemoración de la Asunción.
El historiador Guillermo Lohmann Villena señala "se apelaba a cualquier pretexto para ofrecer
corridas extraordinarias, ora con ocasión del nacimiento o jura de monarcas, matrimonios regios, ora
con motivo de la entrada solemne de autoridades eclesiásticas o civiles" y en evidente intento por
frenar la creciente popularidad de éstas, el Papa Pío V a través de la Bula expedida el 15 de Noviembre
de 1567 penaba con excomunión a quienes participaran o presenciaran corridas de toros bajo pretexto
de que estas celebraciones impedían que las personas asistan a la iglesia.
Desde un principio se usaron las plazas publicas o plazas mayores o plazas de armas para la
realización de las corridas de toros pues ellas eran el centro político - social - administrativo - religioso
de las ciudades hispanas y mientras en mas lugares se realizaban, mas fechas se fijaban y mas
seguidores tuvo.
Largo seria enumerar la forma y los momentos en que fue evolucionando o cambiando el festejo
taurino dando el salto desde el siglo XVI con la inicial practica caballeresca y casi nobiliaria de alancear
a los toros hasta el siglo XVIII en que se convierte en capeas de a pie realizadas por gente del estrato
popular que incluso podían ser esclavos, a efectos de que en España asumía como Rey Felipe V quien al
tener origen Francés no tenia plena identificación con la Íbera afición, postura con la que la nobleza
Española se alineó cediendo o convirtiendo la practica taurina en patrimonio popular.
La evolución de la practica taurina se dio casi en simultaneo o paralelo en España y América
durante el siglo XVII y XVIII, es decir las corridas de toros se fueron regulando y se fueron mejorando
tanto en fondo, en forma como en casi todos sus aspectos para ser mas similar a lo que es hoy una
corrida de toros; es así que mientras, en algunas localidades al interior y en la sierra del Perú se le
sumo ingredientes autóctonos o indígenas que permanecen hasta la actualidad, en Lima surgía lo que
se denomino la SUERTE NACIONAL que era el capear a caballo y es a continuación de este hecho
cuando empieza a surgir la figura del toreo de a pie, dejando de ser la figura central un jinete noble
para dar lugar a la aparición de toreros que en su gran mayoría fueron de origen popular y sobre todo
de raza negra.
Del Siglo XVIII a la Actualidad
A inicio del siglo XVIII la transición del toreo a caballo hacia el toreo de a pie prácticamente ha
concluido, dando lugar a la aparición de las primeras figuras que marcaron época dentro del mundo
taurino tanto en España como en América con Juan Rodríguez, Francisco Romero, Lorenzo Martínez y
específicamente en el Perú con la dinastía de los Pizí, transformando lo que podía calificarse como
practica taurina en un espectáculo al que muchos califican como el mas democrático pues asisten y
reúne a personas provenientes de todas las clases y niveles sociales donde participan o deciden con
igual valor. La inusitada popularidad que adquirieron las corridas de toros en el Perú, hizo que a mitad
del siglo XVIII adquiriera un sitial preponderante en la reconstrucción de Lima, ya que el cataclismo
que destruyo tanto el Callao como Lima el 28 de Octubre de 1746 obligo de los supervivientes y de la
población en general un gran esfuerzo para reconstruir la cuidad y correspondió al virrey Joseph Manso
de Velasco Conde de Superunda la responsabilidad de asumir la dirección de esta labor; con esta
obligación el virrey y gran parte de las autoridades buscaron recabar los fondos necesarios para la
labor de reconstruir edificaciones de uso publico y otras de importancia, para lo que creyeron ideal el
realizar una serie de corridas de toros que con fines benéficos harían obtener los fondos necesarios,
plan que durante 1753 y 1754 se ejecutó bajo la dirección de Pedro José Bravo de Lagunas y Castilla,
catedrático de San Marcos y oidor de la Real Audiencia, con inobjetable éxito en lo artístico como en lo
económico, concretando el aporte de las corridas de toros para lograr la deseada reconstrucción,
vinculando de manera mas estrecha y en mas aspectos a las ciudades de Lima y del Callao y a nuestra
historia en general con las corridas de toros.
Los años posteriores a 1755 confirman el continuo auge de la tauromaquia tan es así que no solo
se usaban las plazas o recintos públicos para realizarlas sino que proliferaron y se instalaron plazas
portátiles, provisionales y desmontables; adicionalmente con la coronación de Carlos III como Rey de
España en 1760 y con la llegada del Virrey Manuel de Amat a este virreinato hacia 1762, quienes dicho
sea de paso fueron notables aficionados la las corridas de toros, se le dio un mayor impulso a la
tradición taurina, por ello el 15 de Junio de 1765 se expide el decreto que aprueba y apoya la
construcción de un coso firme para la celebración de las corridas de toros en la ciudad Lima, para lo
cual se encarga su construcción al hacendado Agustín Hipólito de Landaburu autorizándosele para que
use la misma ubicación y los terrenos donde se instalaba la plaza desmontable mas importante en el
lugar denominado el Hacho VEASE PLAZA DE ACHO, comprometiéndosele al constructor entre otros
puntos a que parte de las ganancias de la explotación de la misma plaza, sean traspasadas en beneficio
de la construcción de iglesias, hospitales y otras obras publicas y concluido el tiempo en que el
constructor recupere lo gastado, la obra en su integridad quedaría en beneficio de la corona y bajo
administración del virrey y su cuidado por parte del ayuntamiento, lo cual como se conoce a través de
los documentos, se produjo el 18 de Junio de 1775.
La corrida que inauguro de manera oficial la plaza firme de Acho se dio el 30 de Enero de 1766, con
una corrida que se reseña particular al haberse desarrollado con la presencia del Virrey Manuel de Amat
y la del recién elegido Alcalde de nuestra ciudad y constructor de la Plaza don Agustín Hipólito de
Landaburu, en una corrida que anunciada ofreció 16 reses a correrse y que contó con la actuación de los
diestros matadores peruanos Pisí, el Maestro de España y Gallipavo; se reseña que el primer toro que se
dio muerte en esta plaza se llamo Albañil, procedente de la haciendo Gómez de Cañete, de propiedad
también de don Agustín Hipólito de Landaburu.
Con ello nuestra Plaza de toros de Acho (1766) para hecho de mayor trascendencia se constituye en
su categoría en la PRIMERA Plaza firme de América y TERCERA plaza en antigüedad en el mundo, después
de la Real Maestranza de Sevilla inaugurada en 1761 y de La Misericordia de Zaragoza inaugurada en
1764, hecho histórico del que nos debemos sentir orgullosos y del que tratamos en detalle en el capitulo
referente a la Plaza de Acho.
Una importante muestra de la importancia que adquirieron las corridas de toros la constituye la
tradicional practica de que los graduados en medicina de la Universidad Mayor de San Marcos, fundada
en 1551, costearan la realización de una corrida de toros, tradición que por las dificultades materiales,
se mantuvo hasta hace pocos años.
Para inicios del siglo XIX hasta el fin del virreinato, hubo una notoria ausencia de toreros provenientes
de España siendo la mayoría detoreros que actuaban en estas tierras de origen local.
Llegada la Independencia, las corridas de toros jugaron un papel importante en nuestra historia pues
todos los festejos taurinos realizados tenían que aportar y de esta forma solventar los gastos de nuestro
ejercito, prueba de ello lo da la disposición que designaba a Don Francisco Naranjo como responsable de
administrar la plaza de Acho y de obtener fondos para nuestro ejercito gracias a los festejos que en ella
se realicen desde 1821 hasta 1826, lo que según los cronistas, muy a pesar de la difícil situación que se
vivía en aquellos días, se logro conseguir sustanciosos recursos.
Los años siguientes no fueron muy buenos, el transcurrir del estado de colonia a uno de independencia
significo una transición que en muchos aspectos fue difícil, ello incluyo la disminución de corridas de toros
como consecuencia de las dificultades económicas y sociales.
Es hasta mediados del siglo XIX en que gracias al auge del guano se genera un significativo incremento
del movimiento comercial y social que proporciono los recursos para la realización de corridas de toros y
otros espectáculos; justamente es en el mes de Diciembre de 1848 cuando el entonces empresario de Acho,
José Maria Urresti logro la comparecencia en Lima de toreros Españoles, lo cual fue un rotundo éxito pues
venían impregnados con todos los detalles de la nueva era del toreo, hecho que tiene un importante
significado pues era en sí el retorno de la afición a las corridas de toros en lo que era ya la Republica.
Podemos afirmar que los cambios, la renovación, la reglamentación y todos los nuevos usos del toreo
tuvieron rápida difusión en América comenzando por el Perú y es gracias a ello que llegaron nuevamente a
estas tierras muchos toreros con gran experiencia y con sus propias cuadrillas Españolas incluyendo todos
los estamentos que posibilitaban la correcta realización de una corrida de toros a la usanza puesta en moda
por el gran Francisco Montes "Paquiro".
En 1866 La Plaza de Acho pasó a ser propiedad de la Sociedad de Beneficencia Publica de Lima por lo que
su arrendamiento y su manejo generan importantes ingresos que sustentan la asistencia de caridad para
niños y ancianos.
El inicio de la guerra del Pacifico fue determinante en muchos aspectos para nuestra población, peor aun
si llegamos al momento de la ocupación de Lima (1881) pues nuestra ciudad cambiaria radicalmente su bello
aspecto para convertirse en un escenario de guerra, esto toco fundamentalmente a nuestra Plaza de toros
pues fue tomada como trofeo por el invasor y usada como deposito y como cuartel, con el lógico deterioro
que esto puede significar teniendo en cuenta que la ocupación de Lima duro casi 35 meses.
El inicio del siglo XX permitió a la afición taurina del Perú, tener la oportunidad de ver a grandes figuras
del toreo las cuales solo se presentarían en Lima como única plaza en América y nos referimos específicamente
a José Gómez Ortega "Joselito" y a Juan Belmonte "El Pasmo de Triana" junto a Ignacio Sánchez Mejia y Marcial
Lalanda quienes tuvieron especial predilección por presentarse en el Coso Limeño de Acho; los años posteriores
al inicio del siglo XX transcurren con variados festejos taurinos con mayor y menor trascendencia hasta arribar
a 1944 en que gracias a la iniciativa de un grupo de Aficionados y reconocidos vecinos de la ciudad, teniendo a
la cabeza al empresario Fernando Graña Elizalde, tuvieron la feliz idea de Remodelar y ampliar en su capacidad
nuestra bella plaza de Acho VEASE PLAZA DE ACHO.
Los trabajos de remodelación fueron ejecutados por la Compañía GRAMONVEL y concluyeron el 31 de
Diciembre de 1944 lo que permitió que la bendición de las obras ejecutadas se diera el 1ª de Enero de 1945,
celebrándose la primera corrida de toros del primer serial de verano en la remodelada plaza, el 7 de Enero de
1945 con el cartel conformado por Juan Belmonte Campoy, Rafael Ponce "Rafaelillo" y el Peruano Adolfo Rojas
"El Nene" quien adicionalmente tomaba la alternativa, para torear reses de la ganadería peruana de La Viña
VEASE GANADERIAS DEL PERU para este serial fueron contratados los diestros Silverio Pérez, Fermín Espinosa
"Armillita", Félix Rodríguez, Rafael Vega "Gitanillo de Triana" y el peruano Guillermo Rodríguez "El Sargento".
La inauguraron de la reconstruida y ampliada Plaza de Acho fue razón para que la afición taurina de Lima
resurja luego de un periodo de cierto letargo y la Sociedad Explotadora de la Plaza de Acho S.A., encargada de
la realización de las corridas, con mucho tino supo dar a la afición de Lima el mejor espectáculo posible con una
primera temporada taurina en Octubre de 1945 que contó con la participación de los notables diestros Manuel
Rodríguez Sánchez "Manolote", Carlos Arruza, Juan Belmonte Campoy, Rafael Vega "Gitanillo de Triana", Rafael
Albacin, Jesús Solórzano, Luis Gómez "El Estudiante" y el peruano Alejandro Montani.
La propuesta de realizar una feria taurina en Lima ha sido acogida por la misma empresa explotadora de
Acho dándose así el año siguiente, es decir 1946, la primera versión de la que es hoy la Feria del Señor de los
Milagros con la que la afición de Lima tuvo y tiene el privilegio de disfrutar del Arte y la técnica de inigualables
diestros, amalgamados en insuperables carteles en tardes de gloria; recordando la primera versión de nuestra
feria taurina con especial cariño en aquel 12 de Octubre con un cartel conformado por los diestros Manuel
Rodríguez "Manolete", Luis Procuna y Alejandro Montani, lidiando seis toros de la ganadería Mexicana de La
Punta, se corono uno de los mayores anhelos de la afición de nuestro país de contar con un ciclo taurino anual,
y así la primera feria del Señor de los Milagros se compuso de cinco corridas de toros y una corrida
extraordinaria, lo mas resaltante fue el absoluto éxito artístico logrado gracias a la presentación de los colosos
del toreo Domingo Ortega, Armillita y Manolete quienes conformaron el cartel denominado de los maestros
quienes se presentaron juntos en dos tardes solo en Lima y en esta Feria de Taurina y en ningún otro lugar en el
mundo y este fue un hecho del que la afición en el Perú tuvo el privilegio, la continuidad de esta importante feria
taurina y los importantes resultados artísticos culturales sociales y económicos son reseñados en la sección feria
del Señor de los Milagros y sus tardes y sucesos en crónica de las corridas.
Resultaría sesgado referenciar la historia de la tauromaquia en el Perú reseñando solo lo realizado en la
capital VEASE PLAZAS Y FERIAS EN EL PERU, por ello en la segunda parte de esta síntesis de la historia de la
Tauromaquia en el Perú trataremos los importantes aspectos de Fiesta de los Toros como Tradición a nivel
Nacional, las corridas de toros y su arraigo en las provincias y en todos los estratos de nuestra sociedad y los
aportes o contribuciones nacionales a la fiesta.
El formular esta síntesis de la historia de nuestra bella tradición taurina nos ha obligado a resumir u obviar
una serie de valiosos detalles e informaciones, le invitamos a ponerse en contacto con nosotros para hacernos
llegar o para solicitar información.
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