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El Torero
Torero, ra.
Adj. coloq. Perteneciente o relativo al toreo. Aire torero. Sangre torera.
Adj. Gallardo, airoso, desenvuelto.
m. y f. Persona que por profesión ejerce el arte del toreo. Definición según la 22 Edición del Diccionario
de la Real Academia de la Lengua Española.
Es bastante complicado tratar de formular una sola definición a lo que significa ser Torero, este
intento nos obliga a contemplar una muy amplia serie de aspectos en cuanto a la practica, la técnica y
sentimiento, ingredientes fundamentales en toda practica artística, por lo que podemos deducir que
Torero es una practica profesional del arte de lidiar y matar reses. Es fácil percibir que el matador de
toros conserva en su arte casi toda la liturgia del pasado, con el aditamento de los nuevos modos, usos
y costumbres.
En los inicios Torero fue el hombre que ayudaba al noble caballero quien adoptó a la lidia de reses
como practica en sus dominios. Hoy, Torero es el profesional en el arte de lidiar y matar reses, pero por
extensión esta definición llega a incorporar a todo aquél que participa en la lidia del toro, desde el
banderillero al rejoneador, picador y, por supuesto matador de toros, cabe destacar que en un principio
antes de profesionalizarse, se les denominaba incluso toreadores. Picadores, banderilleros y espadas se
contrataban por separado en un inicio anárquico del espectáculo. Casi siempre gente de humilde
condición, bravos y arriesgados, procedentes del desgarramiento de las sociedades de los siglos XVII y
XVIII. No es por azar que su escuela sea el matadero municipal, su tertulia la taberna y su engaño la
capa.
El torero gana adeptos en el movimiento romántico europeo y entre las clases sociales pudientes
cuando, organizado el espectáculo, el de a pie se convierte en héroe popular. Organizada la lidia,
arrebatado el primer plano a los picadores, el espada se distingue en la calle y la plaza por su vestimenta
y por su coleta natural, cambiada por añadido por Juan Belmonte y los que le imitaron. Antes, Costillares
y Jerónimo José Cándido habían introducido modificaciones en la vestimenta, chaquetilla de seda y
adornos, hombreras anchas, monteras semejantes a las actuales... en este sentido el hábito sí hace al
monje.
El torero, vestido definitivamente como tal, es un personaje que vive su tiempo, evoluciona con él,
se identifica con su momento. Se ganaron el trato de "señor" y de "don" en el siglo XIX a pesar de su baja
reata social y transportaron al siglo XX la tauromaquia a golpe de esfuerzos, coraje y vocación. Muchos
entienden por torero a quien toma la alternativa que, en realidad es el matador de toros. La ceremonia
venía a diferenciar a quien la tomaba de los peones de a pie y de los medios espadas. Adquirían
antigüedad para matar los primeros toros de las funciones y jerarquizaban la corrida. Esta ceremonia se
celebraba ya en siglo XVIII.
Hoy el torero intenta mimetizarse con una sociedad ecléctica, agresiva a veces con su profesión,
mediática y acelerada. En este contexto el torero sigue siendo un personaje heroico, un hombre del pueblo
que ha sobrevivido a todas las éticas y estéticas de los últimos siglos. Pertenece al pasado más remoto el
tiempo en que a un banderillero, una vez curtido en las corridas, su matador le "cedía" la muerte de un
toro para cambiar de profesión y hacerse matador. También pertenece al pasado, aunque éste sea más
reciente y aún queden restos de su sombra la figura del "maletilla". Ese trashumante de tapias, cerrados
y capeas que buscaba curtirse, coger oficio y buscar una oportunidad.
Cambian los tiempos y hoy el torero inicia su carrera en edad temprana y de dos formas: de entre las
manos directoras de un personaje, taurino o no, o a través de las escuelas taurinas. En cualquiera de estos
dos casos: carrera de inicio libre o a través de escuelas, el aspirante a matador deberá tener presente la
legislación vigente para poder ejercer su profesión.
Como lo hemos dicho, en el toreo hay una legislación específica, un reglamento especial e incluso un
Registro Profesional de Profesionales Taurinos, estableciendo una especie de escalafón en la profesión:
- Matadores de novillos sin picadores.
- Matadores de novillos con picadores.
- Matadores de toros
Para ser novillero sin caballos en España, basta con que una escuela de tauromaquia certifique que un
joven ha estado acudiendo a sus clases durante un año o que un profesional del toreo avale su pericia. A
partir de ahí, deberá invertir. Es un profesional que paga por trabajar. Para ser novillero con picadores
basta con haber toreado diez novilladas sin picadores
Para ser matador de toros, basta con acreditar haber toreado en veinticinco novilladas picadas. Este
vicio administrativo, que profesionaliza a quien no ingresa dinero por torear, determina la celebración de
novilladas y la selección de los futuros matadores. No existe ningún resquicio legal para considerar como
amateurs a estos jóvenes. En cualquier caso, la carrera de novillero, una vez cerrada, tendrá que ser
ratificada luego partiendo desde cero con la de matador de toros. La condición de matador de alternativa
se ratifica en una Plaza de Primera con la denominada "confirmación", según la usanza y los reglamentos.
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